Cera de abejas gallegas
En cosmética, nuestra cera de abejas gallegas, sirve como coemulsionante, con propiedades hidratantes, regenerantes y suavizantes.
El azar o el destino quisieron que fuese Covelo el lugar elegido para echar el ancla. Esta zona recoge un importante legado apícola, que se puede ver en su arquitectura y patrimonio.
Son pocas las personas que actualmente continúan con esta actividad apícola, valientes que día a día siguen luchando contra el paso del tiempo, manteniendo un oficio que comenzó en esta región en torno al sg XVIII.
A nivel etnográfico, la zona de O Covelo, dispone de lagares y eiras de cera, que aún hoy en día se pueden visitar, encontrándose en muy buen estado los de Paraños.
A los lagares llegaba la cera obtenida de las colmenas tras extraer la miel. En ellos se derretía la cera mezclada con agua en la caldera, para a continuación ser prensada, filtrada y discurrir a una serie de pilas donde las impurezas más finas decantaban, y la cera limpia se recogía de la superficie. De aquí se obtenía la cera amarilla, lista para usar.
Sin embargo, la cera blanca tenía un valor mayor para su uso en cultos religiosos. Para blanquearla, los bloques de cera eran fundidos de nuevo y dosificados sobre un rodillo con agua fría, de forma que la cera iba formando hilos y virutas. Seguidamente se distribuían en las eiras o tendales, y la luz solar, era la encargada de eliminar los pigmentos amarillentos.
También hay en la zona, quien a día de hoy, aún construye los “cortizos”, que son las colmenas cilíndricas hechas con el corcho del alcornoque y con unos palos transversales en su interior donde las abejas fabricaban el panal.
El proceso de producción de velas de cera, era sencillo y metódico, ingeniosamente adaptado para facilitar su elaboración en aquella época. Consistía en una rueda paralela al suelo, de la que colgaban cordones de algodón. Esta rueda se iba girando mientras que con un cazo se vertía la cera derretida por cada cordón, dando varias vueltas a la rueda hasta que las velas tuvieran el grosor deseado.
Toda esta información está detallada en el trabajo realizado por Damián Copena Rodríguez, “La industria apícola cerera en el rural de Galicia (1750-1950)”. Además en este folleto informativo se explica de forma más didáctica: “Favum, o lugar da cera”.


